sábado, 14 de mayo de 2011
Las finales se ganan
La realidad a veces suele ser cruel. Demasiado. Antes de iniciar el partido se cantaba para ser campeón. 90 minutos bastaron para recordarnos que hoy River tiene como prioridad salir de la zona caliente de abajo. Vaya paradoja del destino: el mismo rival que se cargó un técnico hace justo un campeonato, el despedido por duplicado Angel Cappa, vuelve a meternos en esa lucha descarnada de los promedios. Como diciéndonos: ¨¿a donde te vas? Vos sos de acá¨. Mas allá de si merecimos o no perder (está claro que fuimos superiores), el resultado nos deja en jaque de nuevo. Era una final para ambos equipos, típico partido de 6 puntos y el Albo se llevó un triunfo soñado. Linda cachetada previa al Superclásico. Más oportuna, imposible. El Monumental dejó de ser una fortaleza para transformarse en un dolor de cabeza. Es sabido que a este River le cuesta horrores ser protagonista y generar juego. Ni que hablar de goles. Un equipo creado para un escenario hostil que sufre ante la pasividad de ciertos rivales. Funes Mori será una promesa de crack pero hoy está muy lejos de valer los 10 millones que pide su presidente. Ballón podrá ser un fenómeno en Perú pero las camisetas, por más similitud que haya, son distintas y la nuestra le queda muy grande. No se puede depender de que Lamela saque algún conejo de la galera como contra Racing ni que Pavone solo gane una de esas mil batallas que afrenta en cada partido. Y a Almeyda no le podemos pedir que recupere la pelota, gambetee y defina. Contra Boca debe volver Acevedo, mantener a Pereyra en la izquierda y poner a Caruso o Lanzini en la delantera. Contra Boca es fundamental ganar (no te olvides de eso, Jota Jota). Ya ha transcurrido demasiado tiempo de aquel cabezazo glorioso del Cavegol y ese fiesta en La Boca. Es tiempo de valientes. Ya no queda más margen para el error. Quedan 6 finales, 18 puntos en juego claves. Y las finales no se juegan. Se ganan.
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