domingo, 20 de mayo de 2012
La mano de Almeyda
Mientras pienso lo que escribo, por dentro me pasan un sinfín de sensaciones. En ese desconcierto emocional veo una analogía del River de Almeyda. Si hay algo que produce este equipo es un desconcierto total. Los cambios sobre cambios que realiza el técnico llevan a que la identidad de juego sea esa: la de un equipo que juega mal por momentos y después levanta el nivel de una manera inesperada. Casi ciclotímico. Te soprende para bien o para mal. No es la primera vez que sucede en el torneo. Ya varias veces he marcado que estos altibajos no son sólo de una partido al otro sino dentro del mismo. Realmente genera mucha bronca esta irregularidad de rendimiento. Y no es por hablar con el diario del lunes ya que estuvo a 3 minutos de ganar el encuentro. Las sustituciones del Pelado son, por lo general, más desacertadas que acertadas. ¿Por qué desarmar un equipo que en 20 minutos del segundo tiempo había generado 5-6 situaciones de gol?¿Por qué dejar 45 minutos en el banco al Chori?¿Cómo es posible que Almeyda no consiga que el tridente funcione? Otra vez sopa. Siempre la misma historia. River que no sabe cerrar con el resultado en su favor y un empate sobre la hora con sabor a derrota. Monumentalazo de Brown de Madryn que pelea por no descender. Son inaceptables los 2 puntos que se dejaron en el camino. No puede pasar eso en un equipo que tiene aspiraciones de campeón. ¿Cuánto tiempo más va a sostener este defensa que es el mejor ataque contrario? Cuánta falta de concepto en Diaz y Funes Mori que cometen el mismo error que la fecha pasada, por favor! Basta de Vella! Abecasis no hizo ningún mérito como para salir del 11 titular. ¿Por qué siempre tiene que entrar R. Funes Mori? ¿No se dan cuenta que no entiende el futbol?¿ Qué sentido tenía acumular nueves en el área? A pesar del retraso, el cambio de Villalba estuvo correcto y fue el único acierto técnico. En fin, el aire que habíamos tomado en Tucumán se expiró en el último suspiro de la noche con el gol de Zanni. De vuelta a remarla desde atrás. Les juro que no aguanto más esta situación. No veo la hora de ascender y terminar con esta pesadilla. Son 34 partos los que llevamos encima. 34 manchas a nuestra historia. 34 golpes a nuestro orgullo. Para colmo, en este desorden y en esta desorientación que se respira en la atmósfera se nos viene el partido del año (parte 2). Igualados en la segunda posición con Instituto, visitaremos al líder Central que viene de una seguidilla infernal de triunfos. La única opción real para River es ganar. Nos jugamos el ascenso directo a Primera, en un torneo de sobremanera parejo. En este mar de dudas, sin un equipo consolidado pero con individualidades descollantes, saldremos a jugarnos nuestro destino que fuimos elaborando con el transcurrir de las fechas. Tanto esfuerzo, tanto aliento, tanto sufrimiento no pudieron ser en vano. No llegamos hasta acá, para quedarnos en la puerta del título. A sacar chapa de campeón en el Gigante de Arroyito. A arruinarles la fiesta. A demostrar que somos River aún. Que en Rosario cueste lo que cueste, tenemos que ganar.
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