lunes, 11 de junio de 2012
Sangre, sudor y corazón
¿Cómo explicar lo sucedido el domingo pasado usando sólo la razón y dejando de lado lo emocional? Realmente el partido no se puede analizar fuera de ello porque si hay algo que lo caracterizó fue su emotividad que lo atravesó del minuto 0 al 95. Es que el sufrimiento, la tensión, la presión y la angustia faltando 3 fechas parecen haber alcanzado su momento cúlmine. Y River, lejos de abstraerse y serenarse como lo hizo en un spa la semana pasada, salió a la cancha con una vorágine y una vertiginosidad propia de un equipo que está quemando sus últimos cartuchos cuando en realidad el juego recién comenzaba. El planteo del "kamikaze" Almeyda, con un innovador 4-2-4 (aunque lo quieran disfrazar de otra cosa), era una invitación a atacar por las bandas totlamente desprotegidas del mediocampo millonario. Y así lo fue. Boca Unidos se percató de esto y explotó al margen la espantosa manera de defender que tiene el conjunto local. Cada llegada de los correntinos era sinónimo de alerta máxima y peligrosidad extrema. Flojísimas actuaciones del tridente defensivo, sobretodo de Funes Mori y Maidana. Si el primer tiempo terminó 0 a 0 fue por la mala puntería de los delanteros visitantes, que tuvieron la oportunidad de una victoria parcial casi que servida en bandeja. Del local poco y nada esos primeros 45 minutos. La claridad y el futbol habitual (aunque no deja de sorprender) de Cirigliano como unificador de la línea del fondo y los delanteros. Del cuarteto ofensivo sólo destacar los buenos arranques pero malas resoluciones de Villalba y cuentagotas del Chori. En el complemento con Aguirre en cancha, cambio de esquema y Ponzio de 4 por la lesión de Sanchez, River salió con otra mentalidad y generó ocasiones claras para abrir el marcador. Parecía que no era nuestra noche. Esta situación fue y vino durante todo el partido. Partido que lo que no tuvo fue lógica ni consistencia. Justamente porque en el mejor momento del local, una contra originada por un corner mal tirado (cansa de ver el mismo error después de tantas fechas) nos paralizó el corazón a todos. Danelón entró sólo al área chica y definió de primera con su botín zurdo. Era un gol hecho. Pero apareció otro botín zurdo, mágico y salvador, que tapó la pelota del campeonato y le dió vida a un River que estuvo a punto del nocaut (esta sensación de convivir al filo de la navaja, en una cornisa fue una constante de los 90 minutos). Gracias Vega! Tu trabajo es insalubre. El juego continuó y como era de esperar Almeyda empezó a desarmar lo que él mismo había armado y preparado durante 2 semanas (¿demasiado tiempo para la muy mala actuación que dió su equipo no?). Funes Mori y Ocampos a la cancha. El tiempo, lejos de sobrar, comenzaba a apretar. Ves el número 30 y ya la angustia se hace más presente que nunca. Y los hinchas se descargaban con los jugadores pidiendo "actitud y huevos" cuando en realidad lo que brillaba por su ausencia y lo que realmente se necesitaba era volumen de juego. Llega el tiro libre que desemboca en el gol de Ocampos en su primera pelota que tocaba. El Monumental explota en un grito de desahogo. Se acaricia el ascenso. Nos adueñamos de la punta. El destino parece darnos un guiño. Quedaba apenas poco más de 10 minutos. El Pelado lejos de festejar el gol les indica a sus dirigidos que tengan mucho cuidado con las marcas. Con River nunca un resultado está cerrado. Vaya que tenía razón Almeyda en ese mensaje de precaución. Unos pocos minutos después del 1-0, tras una falla en conjunto de toda la defensa, la visita marca el empate. Baldazo de agua fría. Helada. Desconcierto y desazón en el rostro de jugadores, cuerpo técnico e hinchas. Golpe al mentón y a la ilusión millonaria. River se desangraba en la imagen de Ponzio. Otra vez los fantasmas. Otra vez el miedo. Restaban 8 minutos más el descuento. Daba la sensación que no iba a haber milagro ni resurrección. Sin embargo, ese destino que luego del empate parecía esquivo a nuestras aspiraciones de ascenso, tuvo piedad y compasión de nostoros. No me creía merecedor de tanto castigo. O al menos me lo cuestionaba. Y el gol que nos deja a un pasito, que por ser chico no significa que sea fácil, de la tan ansiada vuelta llegó gracias al personaje menos esperado: R. G. Funes Mori (tras una genialidad del "siempre distinto" Trezeguet). Y por más que no sea un jugador de mi agrado, River está mas allá de los nombres. Después de tanto tiempo, por fin nos dió una alegría y un triunfo que nos vuelve el alma al cuerpo. Que nos invita a soñar con la vuelta a Primera. Que nos invita a volver al lugar de donde nunca nos debimos ir. 180 minutos nos separan del anhelado objetivo. Ojalá nos basten los primeros 90. Por favor que el adiós no se alargue ...
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