lunes, 25 de junio de 2012
Condena cumplida
El reloj marca 90 minutos. La cámara se posa sobre Cavenaghi que llora. Segundos más tarde, lo enfoca a él, el tipo que agarró a River en su peor momento. Justamente él, el ídolo de tiempos oscuros, el león inquebrantable ante las adversidades, se quiebra. Imposible no conmoverse. Los ojos se humedecen y comienza a bajar sobre las mejillas algún que otro lagrimón. Lágrimas totalmente diferente a las de hace un año atrás. Aquella vez, un círculo fluorescente encerraba el dolor infinito de un plantel joven que pagó las culpas de tiempos pretéritos. Muchos de esos pibes tuvieron su merecida revancha. El llanto del sábado fue diferente al del descenso, íncluso al de hace una semana atrás con Patronato. Hay que vivir esta situación, sentirlo en carne propia, para explicar lo que sentimos los hinchas de River tras el pitazo final de Toia: desahogo, alivio y por qué no, alegría. Se alcanzó el objetivo. Se cumplió una condena totalmente merecida. River hizo las cosas demasiado mal y a la larga, eso se paga. Por suerte ya pasó. 363 noches sin dormir con la conciencia tranquila. Al fin se terminó este calvario! Dicen que no se goza bien de lo gozado sino después de haberlo padecido. Y vaya que lo padecimos. 38 partos. Sufrimos hasta los últimos 45 minutos del partido final. Pensar lo mal que se jugó ese primer tiempo ante Almirante Brown. Para colmo, un pinball debajo del arco parecía mostrar un destino esquivo al conjunto local. Almeyda debía meter mano en el entretiempo y lo hizo. Cambio cantado de Ocampos por Gonzales e increíblemente Funes Mori por Cavenaghi (¿la suerte del campeón?). La semana pasada había dicho que lo que produzca River en campo sería producto de la improvisación. Creo que no me equivoqué. A falta de equipo conformado, las individualidades nos salvaron. Es así que a los 10 minutos del complemento, David se consagraría como nuevo ídolo e ingresaría en la historia del club con esa volea de zurda digna de un campeón del mundo."Está roto"."Viene a robar". Trezeguet no tuvo ningún temor en perder prestigio o reputación (a diferencia de otros). Gracias David por venir (Chori y Cave también). Sin vos (sin ustedes), el ascenso no hubiera sido posible. Tampoco quiero ser injusto con Almeyda. Mantengo mi postura de que todo lo bueno que había realizado en la primera parte del torneo, lo deshizo en la segunda poniendo en peligro la vuelta a Primera. No obstante hay que considerar que Matías aprendió a ser técnico durante el transcurso del campeonato y aún con ese aliciente logró el objetivo. Por eso, un gracias para él también. El camino transitado fue realmente duro. La presión por un rápido ascenso adquirió niveles inimaginables. La resistencia de los hinchas a la proscripción que significaba no poder participar de un torneo de Primera que lo tiene como máximo ganador fue conmovedora. Quedó claro lo que es River en las malas. El Imperio Romano alguna vez cayó pero Roma nunca desapareció. River tampoco. Nace una nueva Roma. Nace un nuevo River. Es así que resurgimos de las cenizas, o mejor dicho, de los pedazos del Monumental destrozado en aquel fatídico como inolvidable 26 de Junio de 2011. Lo peor ya pasó. Que nos sirva de lección. Cuando miremos a este pasado reciente digamónos y jurémonos un NUNCA MÁS grabado a fuego y sangre. Se abre una nueva época. Que sea el comienzo de una era dorada. Volvimos a Primera. Volvimos a donde debíamos estar. Las cosas como son, en su estado natural. Prepárense que el más grande está de vuelta.
domingo, 17 de junio de 2012
No aprendimos nada
Escribo para desahogarme. Me desahogo para calmarme. Calma que es dífícil encontrar y más aún mantener en estos moementos. La indignación es increíble. La bronca se convierte en furia. Pero la tristeza, infinita, lo colma todo. La derrota contra Patronato es una puñalada al corazón y a la ilusión. En mi cabeza se imaginó un sábado con ascenso a Primera. La realidad me demostró lo contrario. Siempre el mismo iluso (por no decir boludo). Es que me cansé de la improvisación. No se puede volver a refundar River con un presidente improvisado. No se puede volver a Primera con un técnico improvisado. Los jugadores no pueden improvisar dentro de la cancha en la manera que lo hacen. Me pregunto ¿de qué nos sirvió irnos al descenso? ¿para qué descendimos? ¿no nos replanteamos lo hecho años pasados? No aprendimos nada. ¿Qué te hicieron River? ¿Cómo permitimos que te hagan esto? River ya no es River. No sé lo que es. Quizás un escudo detrás del cual no hay nada. Un concepto vacío de contenido. Estoy harto de ver siempre la misma película y en especial el triste final. Esto ya lo viví. Hace un año atrás estábamos en la misma situación. Pero en Primera. Al igual que en aquel momento, lo que prima es el desconcierto. No tenemos identidad de juego. No tenemos un 11 titular tras 37 fechas. Metemos a Bou! que no había jugado ni un minuto en todo el torneo cuasi Jota Jota con Villalba frente a Belgrano. Terminamos jugando con 5 delanteros! Va más allá de La Máquina. El tipo es un innovador. La defensa que paró Almeyda no tiene razón de ser. Laterales que no son laterales. Centrales que marcan en las pelotas paradas con una inocencia que raya la ineptitud y el amateurismo. ¿A qué jugamos, Almeyda ? ¿Cuántas finales más vamos a perder? ¿Cuántas veces más vamos a cometer el mismo error? A este equipo le falta, primordialmente, ser equipo. Y, segundo, temperamento. Se borra en las bravas. El único que empujaba para adelante era Cirigliano. El Chori no podía con él mismo. El segundo tiempo fue bochornoso. No generamos una situación de gol en los últimos 45 minutos y nos jugábamos el ascenso directo! Nos regalan un penal a falta de 3 minutos y todos sabíamos que ni así podíamos a hacer un gol. ¿Cuántas diferencias hay a nivel equipo con el de hace 12 meses atrás? Esto es peor porque hay mas plantel y en una categoría más baja. Disculpen por tantas preguntas pero me domina la desorientación. River me desorienta. Passarella me desorienta. Almeyda me desorienta. Los jugadores me desorientan. Todos, en conjunto, me decepcionan. ¿Por qué tanto sufrimiento? ¿Por qué tanta angustia? ¿Por qué River no ascendió aún con el plantel que tiene? Esto ya es un fracaso. No le cabe otro término. No se estuvo a la altura de las circunstancias. Quedan 90 minutos que ni quiero pensarlos. No sé que nos deparará el destino. De lo que si estoy seguro es que lo que salga será pura y exclusivamente improvisado. Con un Giunta enfrente que hará todo lo que esté a su alcance para que no ascendamos, no hay opciones. No queda margen de error. Ganar o ganar. A ver, River, si ganamos una final. A ver, River, si me tapás la boca, de una buena vez por todas. A ver si River puede contra River. A ver si River vuelve a ser River. A transformar la rigidez del miedo cruel y paralizador en impulso motor.
lunes, 11 de junio de 2012
Sangre, sudor y corazón
¿Cómo explicar lo sucedido el domingo pasado usando sólo la razón y dejando de lado lo emocional? Realmente el partido no se puede analizar fuera de ello porque si hay algo que lo caracterizó fue su emotividad que lo atravesó del minuto 0 al 95. Es que el sufrimiento, la tensión, la presión y la angustia faltando 3 fechas parecen haber alcanzado su momento cúlmine. Y River, lejos de abstraerse y serenarse como lo hizo en un spa la semana pasada, salió a la cancha con una vorágine y una vertiginosidad propia de un equipo que está quemando sus últimos cartuchos cuando en realidad el juego recién comenzaba. El planteo del "kamikaze" Almeyda, con un innovador 4-2-4 (aunque lo quieran disfrazar de otra cosa), era una invitación a atacar por las bandas totlamente desprotegidas del mediocampo millonario. Y así lo fue. Boca Unidos se percató de esto y explotó al margen la espantosa manera de defender que tiene el conjunto local. Cada llegada de los correntinos era sinónimo de alerta máxima y peligrosidad extrema. Flojísimas actuaciones del tridente defensivo, sobretodo de Funes Mori y Maidana. Si el primer tiempo terminó 0 a 0 fue por la mala puntería de los delanteros visitantes, que tuvieron la oportunidad de una victoria parcial casi que servida en bandeja. Del local poco y nada esos primeros 45 minutos. La claridad y el futbol habitual (aunque no deja de sorprender) de Cirigliano como unificador de la línea del fondo y los delanteros. Del cuarteto ofensivo sólo destacar los buenos arranques pero malas resoluciones de Villalba y cuentagotas del Chori. En el complemento con Aguirre en cancha, cambio de esquema y Ponzio de 4 por la lesión de Sanchez, River salió con otra mentalidad y generó ocasiones claras para abrir el marcador. Parecía que no era nuestra noche. Esta situación fue y vino durante todo el partido. Partido que lo que no tuvo fue lógica ni consistencia. Justamente porque en el mejor momento del local, una contra originada por un corner mal tirado (cansa de ver el mismo error después de tantas fechas) nos paralizó el corazón a todos. Danelón entró sólo al área chica y definió de primera con su botín zurdo. Era un gol hecho. Pero apareció otro botín zurdo, mágico y salvador, que tapó la pelota del campeonato y le dió vida a un River que estuvo a punto del nocaut (esta sensación de convivir al filo de la navaja, en una cornisa fue una constante de los 90 minutos). Gracias Vega! Tu trabajo es insalubre. El juego continuó y como era de esperar Almeyda empezó a desarmar lo que él mismo había armado y preparado durante 2 semanas (¿demasiado tiempo para la muy mala actuación que dió su equipo no?). Funes Mori y Ocampos a la cancha. El tiempo, lejos de sobrar, comenzaba a apretar. Ves el número 30 y ya la angustia se hace más presente que nunca. Y los hinchas se descargaban con los jugadores pidiendo "actitud y huevos" cuando en realidad lo que brillaba por su ausencia y lo que realmente se necesitaba era volumen de juego. Llega el tiro libre que desemboca en el gol de Ocampos en su primera pelota que tocaba. El Monumental explota en un grito de desahogo. Se acaricia el ascenso. Nos adueñamos de la punta. El destino parece darnos un guiño. Quedaba apenas poco más de 10 minutos. El Pelado lejos de festejar el gol les indica a sus dirigidos que tengan mucho cuidado con las marcas. Con River nunca un resultado está cerrado. Vaya que tenía razón Almeyda en ese mensaje de precaución. Unos pocos minutos después del 1-0, tras una falla en conjunto de toda la defensa, la visita marca el empate. Baldazo de agua fría. Helada. Desconcierto y desazón en el rostro de jugadores, cuerpo técnico e hinchas. Golpe al mentón y a la ilusión millonaria. River se desangraba en la imagen de Ponzio. Otra vez los fantasmas. Otra vez el miedo. Restaban 8 minutos más el descuento. Daba la sensación que no iba a haber milagro ni resurrección. Sin embargo, ese destino que luego del empate parecía esquivo a nuestras aspiraciones de ascenso, tuvo piedad y compasión de nostoros. No me creía merecedor de tanto castigo. O al menos me lo cuestionaba. Y el gol que nos deja a un pasito, que por ser chico no significa que sea fácil, de la tan ansiada vuelta llegó gracias al personaje menos esperado: R. G. Funes Mori (tras una genialidad del "siempre distinto" Trezeguet). Y por más que no sea un jugador de mi agrado, River está mas allá de los nombres. Después de tanto tiempo, por fin nos dió una alegría y un triunfo que nos vuelve el alma al cuerpo. Que nos invita a soñar con la vuelta a Primera. Que nos invita a volver al lugar de donde nunca nos debimos ir. 180 minutos nos separan del anhelado objetivo. Ojalá nos basten los primeros 90. Por favor que el adiós no se alargue ...
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